domingo, 13 de septiembre de 2009

"La infancia es lo que inquieta la seguridad de nuestros saberes"

Para Jorge Larrosa, la infancia es lo otro, “lo que siempre más allá de cualquier intento de captura, inquieta la seguridad de nuestros saberes, cuestiona el poder de nuestras prácticas.” Pero la otredad de la infancia es algo radical: por su absoluta heterogeneidad respecto de nosotros y nuestro mundo y por su absoluta diferencia. Ella encarna la aparición de la alteridad. La infancia no es nunca lo que sabemos, pero es portadora de verdad y de novedad. La infancia es, según el autor, novedad y enigma.
Larrosa sostiene que el niño es algo absolutamente nuevo, en el sentido de verdadero origen (con su nacimiento), pero no se trata del comienzo de algo más o menos previsible, sino de un verdadero inicio, lo que interrumpe toda cronología. Para explicar este concepto cita a Hannah Arendt, para quien el nacimiento de Belén, es el modelo de todo nacimiento, que inaugura la novedad radical en la historia.
Larrosa asume una posición muy clara frente a la manera en que debemos entender la infancia y encontrarnos con ella: propone abandonar la mirada del reconocimiento (como aquella que no es capaz de ver otra cosa que a sí misma) y de la apropiación (aquella que devora lo que encuentra convirtiéndolo en algo a su medida), para volver una mirada desde el sujeto de la experiencia que es quien sabe enfrentar lo otro en tanto que otro y está dispuesto a dejarse tumbar y arrastrarse por lo que le sale al encuentro y transformarse hacia una dirección desconocida.

La respuesta está en el "vaivén"

Graciela Montes se pregunta y nos pregunta si “seremos capaces de proteger y disfrutar sin aprisionar ni usufructuar”. La respuesta está en el “vaivén” que propone como necesario movimiento para vincularnos con la infancia. Este vaivén implica mirar desde el adulto y enseguida mirar desde el niño. Sin el vaivén, sostiene, la protección se convierte en tutelaje, en vigilancia y en censura, mientras que el goce puede derivar en usufructo y violación. G. Montes propone “ida y vuelta”, control y goce.

"No hay como un ogro para entender la infancia"

La figura del ogro está asociada a la de la infancia a través de los cuentos tradicionales. Graciela Montes hace un recorrido a través de “Pulgarcito”, “El rey de los Alisos” y “Alicia en el país de las Maravillas” entre otros, para mostrarnos de qué manera se relaciona el ogro con la infancia, es decir, los adultos, la cultura. Por medio de esta figura que simboliza algunas veces la ternura, otras veces el horror, Montes nos dice que hay diferentes maneras de vincularse con la infancia: a través del ogro, es decir del “poder-no poder”, es decir, lo desparejo, el escalón, o a través de las Hadas madrinas, por ejemplo. Es en ese sentido que sostiene que la otredad es buena para comprender la infancia, pero para comprenderla desde la “minoridad, la entrega confiada, la dependencia.”Esta ogreded establece con la infancia una relación marcada por la hegemonía (del ogro) una relación de poder que implica dominación cultural.